sistemas de Control de Olores

En Chile, la necesidad de mantener ambientes higienizados y procesos sanitarios más controlados no se limita a hospitales o instalaciones vinculadas con la salud. Oficinas, industrias, bodegas, hoteles, establecimientos educacionales, comunidades, vehículos de transporte y empresas de alimentos también pueden requerir tratamientos complementarios a la limpieza convencional, especialmente cuando existen olores persistentes o espacios difíciles de intervenir mediante procedimientos habituales.

Dentro de las tecnologías utilizadas aparecen la desinfección con ozono y la oxidación fotolítica, aunque no corresponden exactamente al mismo procedimiento. El ozono es un gas con elevada capacidad oxidante que puede utilizarse bajo condiciones controladas para determinados tratamientos de aire, agua o recintos. Debido precisamente a su reactividad, su aplicación requiere protocolos, dosificación adecuada y ausencia de personas y animales durante tratamientos ambientales que alcancen concentraciones potencialmente dañinas.

La oxidación fotolítica trabaja bajo otro principio. Utiliza energía lumínica para provocar determinadas reacciones fotoquímicas capaces de participar en procesos de degradación u oxidación de ciertos compuestos. Dependiendo de la tecnología instalada, puede formar parte de sistemas destinados al tratamiento del aire, reducción de determinados contaminantes u olores y mejoramiento de condiciones ambientales.

Para una empresa, escoger una tecnología de higienización no debería reducirse a decidir cuál parece más potente. Primero es necesario conocer qué problema se pretende solucionar, las dimensiones del recinto, ventilación, materiales existentes, actividad desarrollada y tiempo disponible para efectuar el tratamiento.

También conviene separar la higienización ambiental de la limpieza física. Si existen grasas, polvo, residuos o materia orgánica sobre una superficie, estos deben ser retirados mediante procedimientos apropiados. Ninguna tecnología ambiental reemplaza automáticamente una correcta limpieza previa.

Por eso, cuando se evalúan sistemas de ozono u oxidación fotolítica en Chile, la decisión debería considerar el objetivo sanitario concreto, características técnicas del equipo y medidas de seguridad. Utilizadas correctamente y para aplicaciones compatibles con su diseño, estas tecnologías pueden integrarse como herramientas complementarias dentro de programas profesionales de tratamiento e higienización de ambientes.

La oxidación fotolítica es un proceso químico natural que juega un papel crucial en la transformación de compuestos en la atmósfera. Aunque puede parecer un término técnico y complejo, este fenómeno tiene una gran relevancia en el ámbito ambiental y en diversas aplicaciones industriales.

La oxidación fotolítica se produce cuando la luz, principalmente los rayos ultravioleta (UV) del sol, interactúa con ciertos compuestos químicos, generando reacciones que transforman sus estructuras moleculares. Este fenómeno ocurre de manera natural en la atmósfera y es responsable de la descomposición de sustancias como los contaminantes orgánicos y los gases de efecto invernadero.

El término “fotolítico” se deriva de las palabras griegas “photo” (luz) y “lysis” (descomposición), lo que literalmente significa descomposición por la luz. En este proceso, la energía de la luz rompe los enlaces químicos en las moléculas, lo que puede dar lugar a la formación de nuevos compuestos o a la degradación completa de los originales.

¿Cómo ocurre la oxidación fotolítica?

El proceso se activa por la radiación solar, en especial los rayos UV, que tienen suficiente energía para alterar la estructura de ciertas moléculas. Algunos de los pasos clave en este proceso son:

  • Absorción de luz: las moléculas de un compuesto químico absorben la energía de los rayos UV. Esta energía puede excitar los electrones de la molécula y aumentar su reactividad.
  • Ruptura de enlaces: si la energía absorbida es suficiente, los enlaces químicos dentro de la molécula se rompen, formando fragmentos o radicales libres.
  • Oxidación: los radicales libres interactúan con moléculas de oxígeno presentes en el ambiente, lo que genera productos oxidados.

Un ejemplo clásico de oxidación fotolítica es la descomposición de los clorofluorocarbonos (CFC) en la atmósfera. Bajo la acción de los rayos UV, los CFC liberan átomos de cloro, que luego reaccionan con el ozono, contribuyendo al deterioro de la capa de ozono.

El ozono como agente de desinfección y control de olores

El ozono se utiliza principalmente por su considerable poder oxidativo. Al entrar en contacto con elementos como bacterias, virus, hongos y otras formas de vida susceptibles, sufre una alteración estructural que facilita su neutralización.

Por eso, resulta un refuerzo valioso en distintos planes de higiene y limpieza, abarcando una amplia gama de industrias.

Además de su función desinfectante, el ozono es muy eficaz neutralizando olores persistentes. Puede ayudar a eliminar olores provocados por:

  • Humedad ambiental.
  • Humo de cigarrillos.
  • Sustancias orgánicas en descomposición.
  • Comidas preparadas.
  • Animales domésticos.
  • Espacios confinados.

A diferencia de los ambientadores, el ozono no se limita a ocultar los olores, sino que ataca las moléculas responsables de su origen.

Una de sus principales ventajas es que no deja rastro químico duradero. Una vez cumplida su labor, el ozono se reconvierte en oxígeno puro, lo que implica que, a diferencia de ciertos desinfectantes convencionales, no deja residuos que perduren en el tiempo.

Sin embargo, durante su uso es fundamental seguir rigurosamente las pautas de seguridad correspondientes, dado que la inhalación de altas concentraciones de ozono podría resultar perjudicial para la salud.

Aplicaciones del ozono en distintas industrias

El ozono es una tecnología con una considerable versatilidad, y encuentra aplicación en múltiples contextos, entre ellos:

  • Tratamiento de agua en plantas industriales.
  • Industria de alimentos.
  • Hoteles y restaurantes.
  • Oficinas y gimnasios.
  • Vehículos.
  • Bodegas de vino.
  • Centros sanitarios.
  • Climatización de instalaciones.

Cada uno de estos propósitos requiere equipos precisos y la concentración adecuada de ozono para lograr el resultado esperado.

El ozono también aporta beneficios significativos en el tratamiento de agua. Su poder oxidativo actúa sobre microorganismos y descompone materia orgánica no deseada, contribuyendo además a mejorar el color, el aroma y la transparencia del líquido. Por esta razón, es ampliamente utilizado en piscinas, plantas de purificación y diversos procesos industriales.

En determinados procesos, tanto industriales como de tratamiento de agua, el ozono puede combinarse con otros métodos, permitiendo reducir la dependencia de ciertos químicos más agresivos. No obstante, la combinación adecuada debe ser definida por especialistas según cada caso particular.

Otra ventaja relevante del ozono es su rapidez de acción. Una vez generado, el ozono comienza de inmediato su proceso oxidante, lo que permite realizar tratamientos de desinfección en periodos considerablemente cortos, según las condiciones del lugar o del sistema tratado. Esto resulta especialmente útil para empresas que necesitan mantener su operación en funcionamiento continuo.

El ozono también destaca por su capacidad de adaptarse a distintos entornos, ya que puede aplicarse tanto en el aire como en el agua, lo que amplía considerablemente sus posibilidades de uso. Puede integrarse a esquemas de limpieza completos, siempre respetando la normativa técnica y de seguridad correspondiente, y es posible incorporarlo sin mayores dificultades a rutinas ya establecidas mediante equipos diseñados específicamente para cada fin.

Aunque la oxidación fotolítica ocurre de forma natural, también se ha aprovechado en diversas áreas para resolver problemas específicos. Estas son algunas de sus aplicaciones más destacadas:

Tratamiento de aguas residuales: la oxidación fotolítica se utiliza en procesos avanzados de tratamiento de aguas residuales para eliminar contaminantes orgánicos persistentes. Al exponer el agua a luz UV en combinación con agentes oxidantes como el peróxido de hidrógeno, se logra descomponer compuestos tóxicos en sustancias menos dañinas.

Reducción de contaminantes atmosféricos: en la atmósfera, este proceso ayuda a degradar contaminantes como los óxidos de nitrógeno (NOx) y los compuestos orgánicos volátiles (COV). Esto contribuye a la formación de radicales hidroxilo (OH), conocidos como “detergentes de la atmósfera”, que ayudan a limpiar el aire de manera natural.

Desinfección en la industria alimentaria: la radiación UV combinada con la oxidación fotolítica se utiliza para eliminar microorganismos y compuestos químicos en alimentos y superficies de procesamiento, garantizando altos estándares de higiene.

Protección de superficies y materiales: algunos productos, como recubrimientos y plásticos, se fabrican con aditivos que previenen la oxidación fotolítica, prolongando su vida útil cuando están expuestos al sol.

En Gemat, contamos con el sistema Jimco, basado en la oxidación fotolítica en frío, que destruye microorganismos y rompe las cadenas de moléculas responsables del mal olor, funcionando así como un sistema efectivo de control de olores.

Sus principales aplicaciones son:

  • Tratamiento de purificación de aire.
  • Desinfección de superficies.
  • Tratamiento de aguas residuales, entre otros.

El ozono, tal como se utiliza para la desinfección, no es una sustancia química peligrosa cuando se maneja correctamente. Se emplea en bajas concentraciones, durante tiempos de exposición acotados y en ausencia de personas cuando se trata de una desinfección en profundidad. Además, es un gas que se descompone rápidamente y vuelve a formar moléculas de oxígeno.

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